La Interminable Conquista De México -
La conquista del idioma sigue ocurriendo cada vez que un niño indígena es castigado por hablar su lengua materna en la escuela, o cuando un adulto decide no enseñarla a sus hijos por miedo a la discriminación. El imperio español cayó en 1821, pero su estructura extractiva no desapareció. El tributo que los pueblos originarios pagaban a los mexicas primero, y a los españoles después, simplemente cambió de nombre: hoy se llama pobreza, marginación y explotación laboral.
Mientras exista un solo niño que sea avergonzado por hablar su lengua originaria, mientras un campesino indígena siga siendo el último eslabón de la cadena de explotación, mientras la imagen de la Malinche siga siendo un insulto y no un símbolo de complejidad, la conquista seguirá siendo, dolorosamente, interminable. Artículo inspirado en la obra de historiadores como Miguel León-Portilla ( La visión de los vencidos ), Eduardo Galeano ( Las venas abiertas de América Latina ) y el pensamiento decolonial contemporáneo. la interminable conquista de méxico
Cuando se habla de la conquista de México, la mente suele dibujar una imagen concreta: Hernán Cortés quemando sus naves, la matanza del Templo Mayor, la noche triste del 30 de junio de 1520 y la caída de Tenochtitlan el 13 de agosto de 1521. Sin embargo, reducir la conquista a esos dos años de violencia armada es un error histórico. La verdadera conquista, la que moldea al México actual, no terminó con la rendición de Cuauhtémoc. En muchos sentidos, nunca ha terminado. La conquista militar: el primer capítulo La derrota del Imperio mexica fue, sin duda, un parteaguas. Pero incluso desde una perspectiva puramente bélica, la "conquista" se prolongó por décadas. La Guerra del Mixtón (1540-1542) en el occidente, la resistencia chichimeca (1550-1590) en el norte y la caída del último bastión maya independiente en Tayasal (1697) demuestran que el poder de la espada y la cruz necesitaron casi dos siglos para imponerse sobre todo el territorio. La conquista del idioma sigue ocurriendo cada vez
Hoy, movimientos como el zapatismo o las recientes protestas por el 12 de octubre (día de la raza, día de la hispanidad, día de la resistencia indígena) evidencian que la memoria es el último campo de batalla. Derribar estatuas de Colón, exigir la restitución del Códice de Tlatelolco o pedir disculpas por las matanzas del siglo XVI no es un ejercicio de anacronismo. Es el reconocimiento de que la conquista no es un hecho archivado, sino un trauma generacional que se reproduce cada vez que un sistema educativo niega la historia real. Afirmar que la conquista de México es interminable no es un acto de pesimismo, sino de honestidad. Significa reconocer que el México actual sigue siendo, en gran medida, un país colonizado en su estructura de poder, su imaginario y su distribución de la riqueza. La independencia política no trajo la independencia cultural ni económica. Mientras exista un solo niño que sea avergonzado