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—No sirves para dragón —le susurró , su primo—. Deberías irte al valle de los duendes pasteleros.
Luna aplaudió desde su silla de ruedas de mimbre.
Ras no necesitaba disculpas. Solo necesitaba una cosa:
—No puedo escupir fuego. No puedo asustar a nadie. No soy un dragón de verdad.